Mayo 2009

 

Esperar Por El Senor

Wade E Taylor

 

“Un abismo llama a otro…..” (Salmo 42:7)

 

“Un abismo llama a otro” es la descripción de un profundo deseo que está dentro de nuestro Señor  por tener compañía y que por una disposición divina, también está dentro de cada uno de nosotros. El Señor buscó alrededor de todo el universo y de todo lo que Él creó pero no pudo hallar la satisfacción que deseaba.

 

Debido a lo anterior, Él hizo al hombre con una capacidad para que pudiera responder y satisfacer Su profundo deseo por compañerismo y comunión. Nuestro Señor es un Dios que busca, por tanto, Él está llamándonos, golpeando sobre la puerta de entrada a nuestro espíritu en busca de una respuesta a Su deseo por una relación personal con nosotros.

 

“He aquí yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él Conmigo.” (Apocalipsis 3:20)

 

Esta es una promesa condicional ya que Él no tocará sobre la puerta del corazón de aquellos que están satisfechos con sólo saber “acerca” de Él, puesto que Él siempre busca (llamado profundo), a aquellos que desean conocerlo personal e íntimamente. Fue por esto la oración de Pablo: “Que yo pueda conocerle…..” (Filipenses 3:10)

 

Sólo podemos conocer al Señor en esta manera: por dedicar tiempo con Él en Su presencia, (intimidad).

 

“El Señor habló a Moisés cara a cara como un hombre habla con su amigo….” (Éxodo 33:11).

 

“Desde entonces no ha vuelto a surgir en Israel, un profeta como Moisés, a quien el Señor conocía cara a cara.” (Deuteronomio 34:10)

 

El Señor busca a aquellos que desean experimentar Su presencia manifiesta y recibir un entendimiento de  Sus caminos (cenaré con él y él conmigo).

 

“Si alguno oye mi voz.” Este “si” nos dice que la habilidad para escuchar la voz de Dios debe ser cultivada. No podemos desarrollar nuestra habilidad de escuchar del Señor (oído espiritual), a menos que primero aprendamos a “esperar por el Señor,” y luego, en respuesta a su llamado sobre la puerta de nuestro espíritu, “esperemos con Él” dedicando tiempo de calidad en Su presencia.

 

Mientras el Señor viene a “cenar con nosotros” y “nosotros con Él,” incrementaremos nuestra capacidad para reconocer Su voz. 

 

“Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas cada día aguardando en los postes de mi entrada. Porque el que me halla, halla la vida y alcanza el favor del Señor.” (Proverbios 8: 34.35).

 

El Señor está parado en la puerta; vamos a “vigilar diariamente,” esperando en los postes de la puerta (el punto en el cual nos movemos de la esfera terrenal a la celestial), en adoración anticipada y expectativa, creyendo que la “puerta” se abrirá (un portal en los cielos) y que el Señor vendrá y se revelará así mismo a nosotros (Su manifiesta presencia). Esto es “esperar por” el Señor.

  

Nuestra recompensa por desear conocerlo personalmente es Jesús, parado en la puerta de nuestro espíritu y llamándonos. Por tanto, bienaventurado “él” (usted y yo) que ha estado vigilando y escuchando “diariamente” en Sus puertas y luego ha respondido a la voz de Su llamado.

 

“Y se estremecieron los quiciales de las puertas a la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.” (Isaías 6:4).

 

“Esperar por el Señor” tiene que ver con expectativa. Este no es el tiempo en que vamos a hacer conocer nuestras peticiones, o en el que vamos a esperar “pasivamente”, sino que es un tiempo en el que esperamos “activamente” (en adoración anticipada), para ser llenados con Su presencia y tener compañerismo con Él.

 

“Esperar en el Señor” debería ser para nosotros un tiempo de silencio y quietud lleno de adoración delante de Él. Durante este tiempo nos hacemos crecientemente receptivos y sensitivos a Su presencia mientras que “esperamos” reunirnos con Él.  Mientras nuestro hombre exterior está callado, nuestro hombre interior se despertará y se levantará al reino del Espíritu.

 

Una vez que comenzamos a escuchar, Jesús nos guiará para “cenar con Él” y a su vez “Él con nosotros.” En la medida en que continuemos en relación con Él, Él podrá impartir en nuestro interior una revelación, o el entendimiento de lo que Él desea hacer a través nuestro. Entonces, vamos a estar esperando en el Señor.

 

“Se siembra un cuerpo natural, se resucita un cuerpo espiritual. Si hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual.” (1 Corintios 15:44).

 

En la medida que continuemos esperando habrá una muerte progresiva de nuestra carne a todas las voces de la “mente natural,” y también habrá un consecuente nacimiento de la “mente de Cristo” es decir Su pensamiento y propósito hecho realidad dentro de nosotros.

 

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.”(Romanos 8:14)

 

Deberíamos cultivar esta práctica de “esperar” por el Señor para luego poder “esperar en Él” en nuestra experiencia diaria de vida hasta que ya no seamos más gobernados o controlados por las demandas de nuestra vida o esfera natural. Si continuamente hacemos esto comenzaremos a hacernos más sensitivos a Su presencia y nuestro oído espiritual se hará más y más sintonizado con la voz del Señor.

 

“Sino que hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que, desde antes de los siglos, Dios predestinó para nuestra gloria; Pero Dios nos las reveló a nosotros por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aún las profundidades de Dios.” (1 Corintios 2: 7,10).

 

Lo importante es la “calidad” de tiempo que “esperemos” en Su presencia. Cinco minutos con calidad de tiempo valen más que una hora de lucha. “Calidad” de tiempo significa que estamos “relajados” y no estamos conscientes del  reloj o del hecho de que llevamos tiempo esperando de modo que seremos recompensados por nuestra dedicación a esperar, sino que significa preponderantemente el placer de una “relación.”   

 

“Los secretos del Señor son para los que le temen….” (Proverbios 25:14)

O también, con “aquellos que vienen a Él en actitud de adoración y anticipación”

 

“Desde la antigüedad no habían escuchado ni dado oídos, ni el ojo había visto a un Dios fuera de ti que obrara a favor del que esperaba en Él” (Isaías 64:4).

 

Cuando comprometemos nuestras vidas completamente para el Señor y comenzamos a buscar los planos espirituales más altos de Dios, (esto significa ser más que hacer), pidiéndole que se mueva dentro de nosotros en la manera que Él desee, habrá una intensa oposición del enemigo contra nuestra decisión de “esperar.”

 

Cada vez que comencemos a buscar al Señor con seriedad vendrá contra nosotros una guerra o ataque del enemigo. De repente vendrán a nuestra mente toda clase de pensamientos o cosas para hacer, entonces, debemos levantarnos con “violencia” renunciando y resistiendo estos ataques.

 

Una guerra o ataque del enemigo vendrá contra nosotros para desviarnos,  cada vez que comenzamos a buscar al Señor con seriedad. Toda clase de pensamientos o cosas para hacer vendrán de repente a nuestras mentes. Debemos entonces levantarnos con “violencia” renunciando y resistiendo este ataque.

 

El enemigo sabe el poder que fluye a través de la vida de aquel que ha estado a solas con Dios y el efecto que este puede tener sobre aquellos que atestiguan del “brillo” resultante en su rostro.

 

“Levántate y resplandece porque ha llegado tu luz, y la Gloria del Señor ha amanecido sobre ti. …. Y acudirán las naciones a tu luz y los reyes al resplandor de tu amanecer.” (Isaías 60: 1,3)

 

El resultado de la “presencia manifiesta” que vamos a experimentar en nuestros tiempos de íntima comunión con el Señor, será visto por otros. Esto les animará también a buscar un conocimiento personal de Jesús.

 

“Su paladar, dulcísimo, y todo él, deseable. Este es mi amado y éste es mi amigo, hijas de Jerusalén. ¿A dónde se ha ido tu amado, oh la más hermosa de las mujeres? ¿A dónde se ha dirigido tu amado, para que lo busquemos contigo?” (Cantar de Los Cantares: 5:16, 6:1)

 

Voluntariamente debemos apartar tiempo para esperar en el Señor en Su presencia cada vez que Él nos llame con ese propósito (el llamado en la puerta de nuestro espíritu). Luego debemos vencer cada obstáculo que procurará impedirnos que dediquemos tiempo de calidad con Él.

 

Cuando comenzamos a esperar “por” el Señor en anticipación  luego que Él viene, comenzamos a esperar “en” el Señor en Su presencia manifiesta.

 

“Yo amo a los que me aman y me hallan los que temprano me buscan.. Para hacer que los que me aman reciban su heredad y que yo llene sus tesoros.” (Proverbios 8: 17,21)

 

La única manera para entrar en esta relación de Su permanente presencia es comenzar a esperar “por” el Señor diariamente con la determinación de no parar hasta que nos hemos reunido con Él y cenado con Él.

 

Nuestros tiempos de “esperar” deberían ser de simple persistencia en Su presencia sin ninguna otra agenda que estar con Él. Nuestro espíritu debería estar enfocado en la “intimidad” más que en objetivos, debería estar enfocado en “ser” más que en “hacer.”

 

El hecho de establecer un lugar aparte con el fin de dedicar tiempo para “esperar por el Señor” hará que dentro de nosotros comience un proceso de renovación espiritual. Este nos conectará con Dios a través de la fe (esperar por el Señor), y luego nos guiará a una revelación consciente de Él (esperar en el Señor). Gradualmente comenzaremos a reconocer el valor de esas experiencias de estar en Su presencia lo cual se convertirá en nuestra delicia.

 

Una vez que hemos “degustado” el fruto de dedicar tiempo esperando en la presencia del Señor no seremos satisfechos con nada menos que eso.

 

La necesidad y el valor de dedicar “tiempo” para esperar en Su presencia o es desconocida o no es valorada por muchos cristianos.

 

Los que han aprendido el secreto de entrar en Su presencia han hallado la “perla de gran precio” y ellos la valorarán más que cualquier otra cosa.

 

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